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Mi bisexualidad me permite grandes placeres. Imprimir E-Mail
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jueves, 20 de noviembre de 2008
Desde muy joven tuve la oportunidad de tener sexo -muy satisfactorio- tanto con mujeres como con hombres, así que mi bisexualidad me ha permitido tener experiencias eróticas muy buenas.
Mi esposa siempre ha sabido de mi gusto por hacerlo con otros hombres y ella también comparte mis gustos, ya que en muchas ocasiones hemos formado tríos con amigos y amigas en donde ella también ha podido dar rienda suelta a su gusto por el sexo lésbico.

Hace algunos meses invitamos a un amigo a que compartiera nuestra cama y en el primer encuentro, él se sintió algo incómodo cuando yo le toqué la verga y también cuando por momentos se la mamé. Parecía que él prefería hacer como que no estaba pasando nada y se dedicó a cogerse a mi mujer. Esa noche fue muy agradable, especialmente porque mi esposa probó una verga nueva y yo mamé la misma verga, que era virgen en asuntos gay.

Días después de este encuentro tuvimos la oportunidad de platicar con mi amigo y yo le indiqué los gustos bisexuales que mi esposa y yo tenemos. El se moría de las ganas de volver a tener sexo con mi esposa, pero me confesó que se sintió incómodo con el hecho de que yo lo tocara y le mamara la verga.

 Yo le indiqué que si quería volver a coger con nosotros tendría que aceptar mis contactos orales y manuales -y mejor si él también me lo hacía a mí- ya que esos eran los gustos nuestros y que en todo caso era el precio que tendría que pagar por volver a meterle la verga a mi esposa.

El pidió tiempo para pensarlo y yo sabía que definitivamente me llamaría a los pocos días (el deseo de volver a participar en un trío era demasiado) y así lo hizo.

 Concertamos nuevamente una fecha para estar los tres metidos en la cama cogiendo y cuando el momento llegó, los tres difrutamos de una nueva maratón de sexo, en la que pude disfrutar de su verga, ya que él estaba mucho más accesible.

 El no me tocó ni mamó, pero permitió que yo lo hiciera con toda comodidad y en una de las veces que él terminó, lo hizo sobre los pechos de mi esposa y en mi boca abierta, ya que yo le mamé los lados de la verga durante todo su orgasmo.

Jugué con su semen y chupé lo que cayó sobre los pezones de mi mujer. Como yo ya estaba por terminar también, me puse encima de los pechos de ella y solté un chorro de semen caliente y cuál sería mi sorpresa que mi amigo estiró la mano y empezó a regarle mi semen por todo el cuerpo a mi esposa. Lamentablemente ya ninguno tenía fuerza para seguir, así que él se vistió y se fue, dejándonos a nosotros metidos en la cama.

Pocos días después me llamó mi amigo para decirme que le había encantado todo lo que hicimos y que quería que platicáramos más al respecto, así que me invitó a que llegara a su oficina al final de la tarde.

Cuando llegué me dí cuenta que estábamos solos y él empezó a contarme los detalles que le habían gustado de las ocasiones en que habíamos cogido. Al principio me habló acerca de mi esposa y lo que le había gustado.

Me hizo preguntas acerca de los gustos sexuales de ella y yo noté que quería preguntarme algo, pero que no tenía el valor para hacerlo, así que empecé a hablar también de mis gustos y fuí dirigiendo la conversación a mis anteriores experiencias homosexuales.

Poco a poco, mientras le contaba con todo detalle lo que había hecho y porqué, con otros hombres, pude ver que su verga se estaba poniendo dura y grande bajo su pantalón. Le pregunté directamente si le había gustado la forma como le mamé la verga y me contestó que le había parecido raro pero delicioso (especialmente el hecho de saber que era la boca de un hombre la que le daba ese placer).

 También le pregunté que porqué no me la había tocado o mamado, ya que él sabía que eso me agradaría y me dijo que le daba verguenza hacerlo frente a mi esposa. Así que yo sugerí que me la tocara ahora que estábamos solos en su oficina.

Me levanté y me acerqué a él, dejando el bulto que ya tenía en la entrepierna, directamente frente a su cara. Bajé las manos y empecé a acariciarle la verga por encima del pantalón, sintiendo como se le ponía cada vez más dura.

 Se la apreté y el gimió de placer mientras que le acercaba cada vez más mi cuerpo a su cara y a su boca. Cuando yo toqué su cara con mi entrepierna, el abrió la boca y empezó a darme pequeñas mordidas sobre el bulto y sentí sus manos subir por mis piernas y llegar a mi cremallera y bajarla muy lentamente.

 Yo ya tenía la verga demasiado parada y dura como para que saliera por allí, así que me abrí el cincho y bajé mis pantalones, esto produjo que la verga se me notara tremendamente bajo el calzoncillo y que le golpeara directamente en la cara.


El siguió mamando y mordiéndome por encima del calzoncillo, el cual tenía empapado no sólo por su saliva sino por todo el líquido lubricante que me salía de la verga. Sus manos me seguían tocando las piernas -que ahora tenía desnudas- y sentía cómo él gozaba cuando acariciaba mis pelos. Yo me agaché un poco y le abrí el pantalón, metiendo mi mano y agarrándole la verga que tanto me gusta (yo tengo la verga circuncidada, pero él no, y a mí me encantan las vergas con prepucio grande).


Llegó el momento de la verdad y metió las manos bajo mi calzoncillo, tocándome primero las nalgas y metiendo sus dedos hasta tocarme el culo. Las fue moviendo hasta que llegaron al frente de mi cuerpo y por primera vez él sintió la delicia de tocar una verga parada. Durante varios minutos siguió acariciándome y sintiendo toda mi verga, mis huevos y mi culo y cuando no pudo más, casi con violencia me bajó el calzoncillo y se tiró a mamarme la verga.


Para mí fue delicioso sentir lo caliente y mojado de su boca y saber que había desvirgado esa boca tan masculina que él tiene. El me mamaba la verga como loco, de arriba a abajo, por los lados, sólo el glande, se la metía hasta la garganta, etc. Y mientras más me la mamaba, más dura se le ponía a él.


 Los dos llevábamos un ritmo delicioso: él mamándome la verga y yo pajeando la de él. Nos movíamos al unísono, mientras que nuestras manos recorrían todo nuestro cuerpo. Era delicioso sentir el olor a sexo, a saliva y especialmente el olor a sudor y a hombre que despedía su cuerpo (ambos somos bastante peludos del cuerpo, de las vergas y del culo, así que no había forma de confundir el hecho que éramos dos hombres gozando uno del otro).



Yo tuve que utilizar toda mi fuerza de voluntad para separarme de su boca, pero no quería terminar todavía. Quería alargar lo más que pudiera el placer que estábamos sintiendo. Cuando saqué mi verga de su boca le indiqué que yo también quería mamarle el cuerpo y especialmente la verga, los huevos y el culo. Así que terminamos de desnudarnos mútuamente y no podíamos mantener quietas las manos ni separadas de la verga del otro.



Cuando estuvimos completamente desnudos, nos tendimos en el piso y nos colocamos de manera que nos mamamos las vergas en un delicioso 69. Ahora sí sentía su verga como había soñado sentirla: metida hasta la garganta, con ganas, con deseo, mientras que él se comía la mía. Yo cambiaba la posición de mi boca para sentir también sus huevos en mis labios y jugar con ellos con mi lengua.


 También para mamarle ese culo delicioso, negro y rodeado de pelo. Le metí la lengua entre el culo lo más hondo y fuerte que pude y oí como él gemía de placer. Cada cosa que yo le hacía, él me la hacía a mí también, así que no pasó mucho tiempo antes que él me mamara el culo y me metiera la lengua y los dedos, como yo se lo hacía a él.

Cambiamos posiciones varias veces, pero siempre terminábamos mamando las vergas, así que en un momento en que yo la tenía entre mis labios y le metí 2 dedos en el culo, sentí como su verga se inflaba y me empezaba a llenar de semen caliente, yo abrí la boca y saqué un poco su verga para ver salir los chorros de líquido blanco y caliente y caer sobre mi lengua y labios.


 Yo ya conocía el sabor delicioso de su semen ya que lo había mamado de encima del cuerpo de mi esposa, había chupado su coño después que él terminara dentro de ella y había podido mamarle un poco la verga al coger como trío, pero la sensación de que él terminara directamente en mi boca fue insuperable.

Su semen tiene un sabor muy dulce y penetrante y le salen cantidades enormes. Cuando él estaba a la mitad de venirse yo no me aguanté más y le hundí la verga en la boca y empecé a terminar dentro de él. Lo sentí dudar un poco cuando el primer chorro salió, pero inmediatamente continuó mamando, hasta sacarme la última gota.


 Después de terminar nos quedamos con las vergas metidas dentro de la boca, hasta que sentí su verga disminuir de tamaño y eso me permitió morderle y masticarle el prepucio, como a mí tanto me gusta. El seguía dándome pequeños chupones en la verga y en los huevos y acariciándome el resto del cuerpo.

Pasados unos momentos nos dimos la vuelta y quedamos cara a cara lo que provocó que casi al mismo tiempo, nos acercáramos y nos besáramos (era la primera vez que lo hacíamos y sentir su boca gruesa y mojada, con unos bigotes que me raspaban los labios, era delicioso).


Fue muy excitante para ambos no sólo besarnos y saber que era la boca de otro hombre la que nos llenaba de saliva sino que también sentir el sabor de nuestro semen y del sudor que habíamos chupado de nuestros cuerpos.

Este beso mayúsculo nos volvió a excitar y nuestras vergas se pusieron durísimas (la de él me topaba contra la pierna mientras que la mía empezaba a llenarle de líquido lubricante los pelos de su estómago) así que nuevamente empezamos a tocarnos, cada vez más fuerte y con más pasión, hasta que sentí que él se ponía atrás de mí, me abría las nalgas y escupía saliva en mi culo para lubricarlo bien.


 Me metió sus dedos -largos y gruesos- entre el culo por unos minutos, hasta que yo levanté más las nalgas y agarrándole la punta de su verga me la puse en el hoyo del culo y le dije que me la metiera.

Relajé lo más que pude mis músculos y sentí cómo la cabeza de su verga me abría y me penetraba. El dolor era fuerte, pero más lo era la excitación de saber que yo era su primer hombre y que le estaba gustando tanto como meterle la verga en la pusa a mi mujer. Yo la sentía tan adentro, que pensé que su verga me saldría por la garganta, mientras que sus huevos chocaban duramente contra mis nalgas.

Con una mano él me agarraba la cintura para poder empujar más fuerte y con la otra me cojía la verga, masturbándome muy rápido. Sentí el momento en que é


 Yo sentía su semen caliente dentro de mí y eso me puso a mil. Me la siguió metiendo duro hasta que ya no le quedaba ni una gota de semen dentro de los huevos. Se tendió encima de mi espalda y me empezó a besar la espalda y el cuello mientras que me decía lo mucho que le había gustado follarme.

Sentí cómo su verga se hacía pequeña dentro de mi culo y de pronto se salió. Yo aproveché esa oportunidad para darle vuelta, colocarme encima de él, besarlo y acariciarlo, mientras que le abría las piernas y sobaba verga con verga. Le levanté la verga fláccida y le moví los huevos para que quedara libre el camino a su culo.


 Me llené los dedos de saliva y se los metí muy suavemente, abriéndole cada vez más su esfínter (definitivamente él sabía lo que yo pretendía hacer). De repente me miró muy fijo a los ojos y me indicó que ya era el momento de que le metiera la verga en su culo virgen (como loco me empezó a contar como siempre había querido sentir una verga como la mía y que me había deseado desde el primer momento en que me vió desnudo y que lamentaba no haberlo hecho desde la primera vez que cogimos con mi mujer).

Entre palabra y palabra yo le puse la verga entre el culo y cuando se la metí, lo besé para que no pudiera decir nada. Seguí empujando hasta que llegué al fondo (mi verga no es muy larga, pero sí es gruesa y con una cabeza bien grande). Era mi sueño hecho realidad.



 Cogerme a mi amigo de esa forma había sido la fantasía de mi esposa y mía por muchos meses y al fin la estaba realizando. Mi amigo tenía los ojos cerrados de placer en lo que yo le metía la verga, así que le ordené que los abriera y me mirara en lo que yo le metía la verga, que se diera cuenta que un hombre se lo estaba cogiendo y que él gozaba tanto con una verga dentro de su culo, como metiéndole la verga a mi mujer.


 Empecé a hablar las cosas más eróticas, pornográficas y degeneradas que sentía y eso me hizo terminar dentro de su culo. La cantidad de semen que le metí era enorme y le chorreaba por las nalgas.

Así que cuando la verga se me empezaba a desinflar, la saqué y metí mi cara entre sus piernas y le mamé las nalgas, su culo y mi semen. Me dí la vuelta y le puse mi culo en su boca para que él también mamara su semen y me limpiara de toda la leche que me echó.


 Estuvimos así un rato más, platicando de lo que habíamos hecho y de todo lo que haríamos las próximas veces en que cogiéramos con mi mujer. Al rato me vestí y me fuí a casa, en donde me esperaba mi mujer.


 Ella lo primero que hizo fue sacarme la verga y olerla y chuparla y mirándome muy fijamente mas que preguntar, afirmó: "¡se la metiste!". Y así comenzamos a hacer el amor en lo que le contaba detalle por detalle.

 

 


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Modificado el ( jueves, 22 de enero de 2009 )
 
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