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Sonia me ayudó con mamá Imprimir E-Mail
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sábado, 25 de diciembre de 2010

Sonia y yo estábamos sentados en el sofá alargado y mi madre en uno de los butacones. Estaba con la mirada perdida e intentó convencer a Sonia de salir a dar una vuelta. Sonia me miró como diciéndome que estaba en el bote e inició la parte final del plan.

 

 * * *

Mi madre se llama Andrea. En su cincuentena me propuse hacerlo. Sé que no está bien por ser quien me dio a luz. Sé que es inmoral. Sé que es criticable el solo hecho de haber intentado nada. Por eso entendí que no debía nacer de una situación normal, por eso tuve un plan a seguir.

 

Cuento los hechos tal cual se dieron. Desde los 18 años empecé a obsesionarme con ella. Cuando cumplí los 18 ella me dijo que ya era un chico mayor de edad, y por tanto un hombre responsable de mis actos. Aquel comentario me lo llevé al terreno cada vez que me masturbaba. Mi madre por aquel entonces tenía 42 años. Tal fue la obsesión que empecé a irme con prostitutas de su edad, a las que llevaba un camisón robado a mi madre para que se lo pusieran, y les pedía que hicieran pasar por ella.

 

Durante muchos años fui esclavo de mi deseo, de mi fantasía, de mi obsesión. Hasta pensé en ir a un psicólogo, cosa que nunca llegué a hacer. Tal era mi temor por lo prohibido del deseo que nunca se lo conté a nadie; lo guardaba con celo.

 

Sonia se llama la puta que más me gustó. La descubrí cuando tenía 22 años, mi madre por aquel entonces tenía 46; y Sonia justo su misma edad. Con ella he llegado a estar 128 veces durante ocho años. Todas las veces anotadas y contadas. Ella se sentía atraída por mi deseo y me hizo precio. Me vendía bonos de 4 sesiones por el precio de una, y de 10 por el precio de dos. Y en ninguna ponía quejas por el tiempo que empleábamos. Siempre quedábamos en su casa, solo vivía a dos manzanas de nosotros. Le hacía fotos a la ropa de mi madre y a ella para dárselas a Sonia. Le daba dinero y ella intentaba comprar las mismas prendas y llevar el mismo peinado, también le compré su mismo perfume.  

 

Ambas tenían un cuerpo similar. Rubia teñida, abundante pecho y algo rellenita. Solo que Sonia era un poco más alta y esbelta. Mi madre tenía más culo y caderas; cosa que me volvía loco.

 

Con Sonia interpretamos muchas situaciones, todas basadas en lo cotidiano. A veces ella adoptaba una postura más dominante, otras más inocente, otras más golfa, otras más descuidada, otras más necesitada………..

 

Cuando mi madre tuvo 50 años se divorció de mi padre y nos quedamos solos, pues soy hijo único. Desde el día en el que se lo conté, Sonia y yo empezamos a idear el plan con el que llevábamos un tiempo fantaseando. El objetivo era que mi madre y yo tuviéramos sexo. Tan sencillo y tan complicado. Pero confiábamos en nuestro plan.

 

Tras pagar 500 euros a Sonia ella se encargó de ponerlo todo en marcha. Durante un tiempo iba a dejar la prostitución y se iba a ocupar en cuerpo y alma al plan. Sin ella no podría haber salido jamás.

 

Le llevó tres meses y cinco días hacerse amiga de ella. Provocó encuentros por la calle y en tiendas. Tras varios encuentros fortuitos Sonia acabó por decirle que si la estaba siguiendo. Mi madre rió y salió de ella ir a tomar un café. Sonia le contó que fue azafata de aviones hasta los 45 años. Mi madre le dijo que la conocía de vista.

 

Se hicieron amigas y de vez en cuando quedaron para tomar café. Poco a poco Sonia iba siguiendo el plan. Empezó a meterle en el mundo de la noche y le hablaba de chicos que conocía. Mi madre se veía superada; pero se reía con esa amiga loca.

 

Una noche mi madre invitó a Sonia a cenar a casa. Sonia me mandó un sms con el siguiente texto:

 

“por fin me ha invitado, esta noche llegará la hora. Estate preparado”.

 

Nervioso me dirigí a un barrio en las afueras donde compré pastillas que aumentan mucho la libido, recomendadas por ella.

 

Cené con ellas a petición de mi madre. Sonia me habló de su figurada vida y se interesó mucho por mí. Tras la cena fui a preparar unas copas y Sonia continuo con el plan. Le dijo a mi madre que le había gustado mucho, que no le importara que fuera uno de sus amiguitos. Mi madre se enfadó y le dijo que ni se le ocurriera. Sonia bromeo y todo quedó ahí.

 

Llevé las copas ya servidas, con una buena dosis de pastillas de libido en el vaso de mama. Al acabar la copa nos echamos otra a petición de mi madre (señal que le empezaba a hacer efecto). De nuevo le eché un poco más; con eso fue suficiente.

 

Sonia y yo estábamos sentados en el sofá alargado y mi madre en uno de los butacones. Estaba con la mirada perdida e intentó convencer a Sonia de salir a dar una vuelta. Sonia me miró como diciéndome que estaba en el bote e inició la parte final del plan.

 

Sin mediar palabra se avalanzó sobre mí y me beso, me restregó la lengua con la mía, procurando que mi madre lo viera todo. Luego volvió a la posición original. Mi madre intento replicarle y afearle el acto, pero no dijo nada. Sonia se levantó y se desnudo completamente, luego se arrodilló frente a mi, sacó mi pene y empezó a masturbarlo mientras la miraba. Me sorprendió que mi madre no dijera  ni hiciese nada. Estaba petrificada; Sonia ya me advirtió que esa droga ejerce ese comportamiento en su fase inicial. Sonia empezó a mamármela con gusto y lentamente. Una Diosa mamada con mayúsculas, mientras movía el culito como una gatita. Unos 5 minutos después seguía con la mamada, lenta y bien hecha. Mi madre tenía entonces toda la cara colorada. Era el momento clave. Sonia le dijo que si quería compartirla con ella, mientras le señalaba la polla y le daba otra chupadita.

 

Estaba muy nervioso, el aire podía cortarse con un cuchillo. Finalmente, cuando ya esperaba el fracaso, mi madre se levantó sin decir nada y se arrodilló al lado de Sonia, evitaba mirarme. Sonia se la pasó feliz y sonriente. Ella la sujetó por la base y se la metió en la boca sin lamerla. A saco desde el principio. Mi polla entraba y salía de su boca rápidamente a la vez que la masturbaba con su mano derecha. Nunca me miró durante la mamada. Sonia la dejó hacer. Me sorprendió lo bien que la mamó.

 

Sonia me levantó y me llevó a la cama de matrimonio. Mi madre nos siguió sin tener que decirle nada. Me tumbó en la cama y se puso a mi lado dejándome mamar sus pechos. Le dijo a mi madre que se desnudara si lo deseaba y que se acercase. Mi madre obedeció como un robot sin personalidad. Ver su cuerpo desnudo acercarse hacia mi multiplicó la excitación. Sonia le hizo indicaciones para que se clavase directamente sin previas. Ella lo hizo. Se sentó sobre mi polla y se la clavó. Ummmm. Fue lo que dijo al clavarse. Sonia la animo a moverse y ella inicio la follada. Yo le acaricie el culo y los pechos, era como si no me sintiera, como si no me viera, pero su carne era cálida y sus pechos estaban duros. Los metí en mi boca y los lamí a placer mientras ella me cabalgaba.

 

Tras esa postura yo me situé sobre ella, que me recibió con las piernas muy abiertas. La taladré sin descanso. Sonia estaba tumbada a nuestro lado, nos miraba y se masturbaba, parecía estar muy excitada, disfrutando muchísimo de lo que veía. Saqué la polla y se la metí a mama en la boca. Ella la amamantó entera, hasta vaciarme. Y se quedó dormida.

 

Despedí a Sonia y me acosté. Durante el día siguiente no medié palabra con mi madre en todo el día. Por la tarde no podía aguantar la situación y me fui a dar un paseo. Hablé con Sonia, la cual me dijo que estaba feliz por mí, pero yo tenía un nudo en el pecho.

 

Al volver a casa cenamos en silencio. No me atreví a decir nada. Me fui a la cama. En medio de la noche mi madre entró en mi habitación desnuda. Me despertó y se metió en mi cama. Era sábado. No salimos de la cama hasta el día siguiente a las 7 de la tarde, solo para mear y beber. Los dos desnudos. Hablamos mucho e hicimos el amor de muchas maneras. Ella me mostró que su posición favorita era de lado, despacito. Agarrándola fuerte desde atrás. También lo hicimos abrazados, besándonos. Practicamos 69 sin prisas. Me demostró que podía subirme encima de ella cada vez que me apeteciera. Vimos videos pornográficos con el portátil e imitamos las situaciones.

Esa noche, durante la cena hablamos por los codos y dormí con ella en la cama de matrimonio.

 

Ahora yo tengo 34 años y ella tiene 58. Llevamos 8 años siendo amantes y follamos como el primer día. Con ella he aprendido más que con nadie. Algunas veces se viene Sonia y lo hacemos entre los tres, sin cobrarme nada. Otras veces buscamos cumplir algunas fantasías y traemos a chicos con los dos o nos vamos a clubes de intercambios lejanos de la ciudad.

 

He encontrado trabajo fuera del país. Llevamos una semana sin salir casi de la cama. Ella está muy triste por mi marcha. No sabe si va a superarlo. Aunque ya está viendo fechas para ir a visitarme.

 

 

¿Está el mejor sexo en el verdadero y profundo amor?

 

 

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Modificado el ( martes, 04 de enero de 2011 )
 
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