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Mi primera vez con mi hermanastro Imprimir E-Mail
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miércoles, 22 de octubre de 2008

Hola, soy Marcela, Mi primera vez fue con mi hermanastro. Mi madre se había divorciado de mi padre y se había casado con otro hombre que tenía un hijo de 21 años. Yo tenía 18 años recién cumplidos, era bastante ingenua y realmente no soportaba a mi hermanastro, no por cuestiones de sangre, porque en realidad me llevaba bien con su padre, sino más bien porque me caía mal.

 

Una noche de verano de mucho calor en que yo no podía dormir fui hasta la cocina a buscar algo frío para tomar.

En el camino hacia la cocina escuché ruido en la habitación de mi hermanastro (Javier) y como la puerta estaba un poco abierta y era tarde como para que estuviera despierto, me asomé a ver qué pasaba. Él estaba hablando por teléfono a una de esos números de sexo.

Hacía tiempo que lo venía haciendo aunque constantemente lo desmentía cuando su padre le preguntaba. Ahora yo sabía que él mentía. Estaba de espaldas a la puerta así es no me vio, pero yo noté cómo hacía un movimiento raro que luego me di cuenta que era que se estaba masturbando. No me detuve más tiempo ahí y fui hasta la heladera. Tomé un poco de leche fría y se me antojó un durazno que estaba en la parte baja de la heladera. Yo llevaba una bombachita rosa y un corpiño blanco.

Cuando me agaché a buscar el durazno sentí cómo de atrás alguien me apoyaba, me di vuelta inmediatamente y era Javier. Casi sin dejar que terminara de darme vuelta él me agarró de la cintura y me llevó contra su cuerpo. Yo sentí su bulto cerca de mi ombligo. Yo trataba de zafarme y él me dijo "tranquila hermanita. Hace tiempo que te tengo ganas, o no te has dado cuenta? Es que no podés pasearte así por la casa, ya estás perra, ya estás para calentar una casa entera hermanita...".

Cuando terminó de hablar me besó. No era la primera vez que me besaban, pero éste fue un beso muy distinto, un beso muy apasionado. Él hacía lo que quería, jugaba con mi lengua y pasaba la suya por mis labios. De a poco fui dejando de hacer fuerza para apartarme de él. Javier bajó con sus manos hasta mi culo y puso una debajo de mi bombacha. Con la otra fue de ahí hasta su pija, con ella bajó un poco mi bombacha en la parte de adelante y después la apoyó muy cerca de mi vagina.

Yo dejé caer el durazno. Él me preguntó si quería probar algo nuevo, "una verga nueva", esas fueron sus palabras y yo contesté con un gemido "...uhuummm...". Me llevó hasta el sofá mientras me besaba y trataba de sacarme el corpiño. Cuando llegamos allá, me bajó la bombacha e hizo que me acostara en el sofá.

Yo me estaba dejando llevar, me parecía algo sumamente extraño lo que pasaba, pero estaba conociendo un nuevo hermanastro. Él se dedicó a chupar mis tetas por un momento y yo me sentía muy bien, estaba casi sedada, me sentí relajada. Él se puso de rodillas en el sofá y agarró su pija. Cuando me fue a penetrar me dijo "¿pero quién diría? Estás virgen...nadie te ha abierto todavía?...¡bárbaro!!... yo no contestaba nada, sólo sonreía, por primera vez en mucho tiempo le sonreía a mi hermanastro.

En ese momento me dijo "esto va a doler.." y sin más aviso fue empujando su pija hasta tocar mi cuerpo. Primero lo hizo suavemente, costó mucho pero finalmente entró. A mi me dolía mucho, de repente él empezó a empujar mas fuerte. Yo le decía que parara porque me dolía mucho y él me decía que aguantara porque era sólo al principio. Se detuvo por un momento y yo sentí un gran alivio, pero fue porque mi sangre estaba manchando el sofá. Él insultó en voz alta y buscó mi ropa interior para ponerla en el lugar donde caía la sangre.

Cuando ya estuvo todo listo, él me penetró de nuevo muy suavemente, pero el dolor seguía. No pasaron ni cinco minutos y &

eacute;l volvió a sacar su pene, pero esta vez era porque estaba por acabar. Yo vi como llevó el cuero de su pija hacia delante tapando la cabeza para que el semen no saltara al sillón. Se paró, se arrodilló en el piso y ahí dejó caer el semen al mismo tiempo que maldecía y escupía. Se sentó en el sofá y empezó a tocarse la pija, a subir y a bajar.

Yo curiosa lo miraba, pero también veía cómo había quedado mi conchita. Le dije que me ardía y él me contestó que era muy normal, que no me preocupara. Le pregunté también porque hacía eso de tocarse la verga y él me dijo que era porque quería lubricarla con el semen para penetrarme de nuevo porque no había durado mucho el otro polvo. Yo casi ya no sangraba y decidí sentarme junto a él.

Le pregunté si me dejaba tocar su pedazo. Asintió con la cabeza. De a poco fui acercando mi mano derecha. El primer contacto que tuve sentí que estaba durísimo y caliente. Cerré mi mano y por un corto tiempo hice lo que él estaba haciendo, lo pajeé. Él me dijo que estaba seguro que yo había nacido para masajear pijas y me hizo reír. Le dije que estaba muy dura, que parecía una piedra, y él me respondió que estaba así por culpa mía desde hacía mucho tiempo.

Me dijo: -Te gustó? -No se... todavía duele un poco.

-Ya se va a pasar. La segunda va a ser mejor. Me vas a dejar que te coja otra vez, ¿no? Yo te empecé y yo te termino...

-Sí, esta bien.

-Buenísimo. Ahora ponete en cuatro como un perrito que te va a encantar.

Le hice caso. Arriba del sofá me puse en cuatro con las manos apoyadas al costado del sofá. Él recorrió con su pija mi culo hasta mi concha y allí empecé a sentir placer. Me hizo abrir un poco más las piernas y con una mano en un cachete de mi culo y con la otra en su pija tratando de embocar me fue penetrando de a poco. Ya no sentía dolor, me gustaba. Empezó a embestirme cada vez más fuerte, me hacía mover mucho de mi lugar. Yo casi gritaba y él me pedía que me callara "cállate puta, que te van a escuchar..."

Yo trataba de morder un almohadón para que mis gritos no se escucharan. Esta vez él estaba durando mucho, de pronto disminuyó el ritmo, fue más lento hasta que sacó su pene de mi concha y otra vez estiró su cuero hacia delante para acabar sin ensuciar nada. Él estaba muy agitado y yo con una sensación de dolor, gusto y poco. Me dijo que tenía que probar mi culo, pero otro día porque estaba cansado y eso iba a ser más doloroso para mí.

Nos quedamos unos minutos más besándonos apasionadamente. Luego se fue a dormir y yo me quedé un rato pensando que ya me había hecho mujer. Al otro día mi mamá me preguntó qué era esa mancha roja en el sofá y yo le dije que sin querer me había quedado viendo una peli y me había llegado el período.

Creo que mucho no se lo tragó pero por lo menos no preguntó más. Más allá de lo que pasó aquella noche la relación entre Javier y yo no cambió. A los tres meses más o menos estuvimos en una circunstancia parecida a la de esa noche. Yo veía una película y él salió de su habitación. Se paró frente a mí y pasándose la mano por la verga por encima del pantalón, me dijo más o menos esto:

-¿Te acordás que te tenía que abrir el culo? Bueno, ese momento llegó mi amorcito. Porque soy el único que te tiene que coger.

-No lo creo hermanito...

-Qué no crees? -Que me puedas abrir el culo. Ya está abierto.

Tus amiguitos se encargaron de eso. Les conozco las vergas a todos y ellos me conocen muy bien el culo, la conchita... y la boquita- le dije mientras subía mis pies a la mesita del living, abría las piernas (no llevaba nada abajo) y chupaba la punta de mi dedo índice- Y vos no los vas a tener más, así es que si tenés una cámara sacá una foto.

Nunca más cogí con mi hermanastro y él se peleó con algunos de sus amigos por mí aunque después se arreglaron. Insistió mucho para tener sexo conmigo, pero con él no cedí. Me encargué de que llegaran a sus oídos los comentarios de lo bien que cogía, de lo puta que era y de la cantidad de tipos q



ue me tiraba, para que el dolor fuera más grande. El día de hoy lo veo poco y cuando lo veo hago lo imposible por excitarlo.
Esa fue mi primera experiencia con el sexo.

Ni la última ni la mejor. Aún no ha llegado la última por suerte, pero sí creo que he vivido la mejor experiencia sexual de mi vida y me gustaría compartirla con ustedes.

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Modificado el ( miércoles, 22 de octubre de 2008 )
 
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