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Capítulo 1: La rodilla de Mauricio
El primer paso lo dió mi compañero de clases. Era un chico que se sentaba atrás mío. A mi me gustaba otro, pero cuando Mauricio puso su rodilla justo allí, en el centro de mi trasero, fue como si en todo el universo no hubiera más que ese contacto. Donde él estaba tocándome era el sitio preferido de mis caricias, mi secreto y máximo placer.
Sentir allí una fuerza extraña fue como una apertura al mundo exterior. Yo estaba sentada con la cabeza recostada sobre el pupitre, completamente entregada a mis pensamientos femeninos e imaginándome primorosamente vestida y maquillada, cuando la rodilla de Mauricio irrumpió de pronto en mis sueños. Fue sólo un instante de sorpresa, después vino una deliciosa calma y en lugar de sobresaltarme mis sueños eran ya la presentación en sociedad de una nueva mujer. Yo descendía de las escaleras con Mauricio tomándome atrevidamente con su mano sobre mis nalgas. Era ya mi hombre y me conducía por todo el patio del colegio ante los rostros de admiración de mis compañeros.
Tan entregada como estaba a mis alucinaciones de mujer, no me di cuenta que conforme me imaginaba balanceándome sobre mis zapatos de taco alto y moviendo vaporosamente mi vestido, mi trasero también lo hacía en el mundo real, devolviendole las caricias a la rodilla de Mauricio. Fue la sensación femenina más deliciosa que había tenido hasta ese momento. En mi paseo por el colegio ya no existía el hombrecito de antes. Era una magnífica mujer conducida por un hombre. Ya no tenía verguenza ni miedo. Me había entregado por completo a mi sueño de ser una mujer.
De pronto una llamada de atención del profesor me despertó. Mauricio retiró su rodilla y yo levanté la cabeza, sorprendida. Todavía me sentía una mujercita, pero la realidad empezaba a desvanecer la belleza de esos momentos. El profesor no se había percatado de la rodilla de Mauricio tocándome el trasero por detrás del pupitre, pero sí se dió cuenta de que me había quedado dormida, así que me hizo ponerme de pie y me envió a una esquina del salón, de espaldas a los demás mientras la clase terminaba.
Los minutos que duró el castigo no fueron malos para mí, ya que sabía que Mauricio me miraba, y además me miraba el trasero. Yo me relamía recordando su rodilla allí y creo que en algún momento hasta debo haber tenido como un espasmo de placer, que seguramente los demás debieron entender como un movimiento de fastidio por estar de pie mucho rato. El resto del día evité sus miradas. Sabía que él buscaba hablarme, pero sentía miedo de mi misma. Esa noche, ya en mi casa y muy tranquila busqué su correo en la pagina web del colegio y le escribí lo siguente:
Ha sido maravilloso lo que me has hecho sentir hoy día En este momento me encuentro vestida de chika y pienso en ti Me has hecho mujer, Mauricio. Mañana cuando me veas, no me digas nada. Sólo considerame tu novia Tu linda Katty que te ama. Al día siguiente Mauricio, tal como se lo pedí, no me dijo nada. Nos cruzábamos a cada rato y nos mirábamos. Nos conectamos de una manera muy linda, de modo que él ya sabía cuando yo quería sentir su rodilla, pues levantaba mi culito coquetamente, invitándolo a tocarme.
Ese era todo el "sexo" que teníamos, hasta que un día vi en su rostro unas ganas que nunca antes había visto. De pronto lo vi más macho que nunca, con una mirada enloquecedora, sádica, penetrante y dominante. Me hizo estremecer en ese momento y me vi a mi misma como una princesa virgen, húmeda y deseosa. Se acercó a mi y me dijo al oido que fuera al kiosko del patio. Yo, que en ese momento estaba muy sumisa, le obedecí. Yo sentía los pasos de Mauricio que venía atrás mío. Eran pasos firmes que yo trataba de corresponder con un andar delicado, que fue haciéndose cada vez más femenino. Al llegar al kiosko, vi una multitud de alumnos pugnando por comprar algo de comida. Al ver esa confusión de gente, entendí la intención de Mauricio. Y ni bien lo pensé, ya tenía su mano en mi cintura llevándome al medio del gentío. Poco a poco llegamos al centro y él ya me tenía tomada de las caderas y en el trasero sentí algo mejor que su rodilla. Es decir, todo junto, sentirme tomada por él por atrás y con eso que se me pegaba a mi trasero, y además en público, con muchos compañeros alrededor que no sé si se daban cuenta de lo que me estaban haciendo. Todo eso me tenía muy excitada, tanto que quise agarrar eso que él tenía tocándome. Llevé mis manos hacia atrás y entonces me di cuenta que Mauricio la tenía afuera de su bragueta. Mis deditos tocaron justo su cabeza enorme y húmeda y me deleité jugando con su todo su miembro viril, que era bien grande. Yo había entrado una vez más a ese sueño femenino, aunque ahora con un poquito más de realidad. Mauricio seguramente sentía mis hormonas de mujer y empezó a bajarme el pantalón. Yo retiré mis manos y lo dejé explorar mi trasero con su juguete, que pasaba por mis nalgas dejándome sus jugos pegajosos y calientes, hasta que encontró mi orificio y se quedó quieto por un instante en la puerta de mi intimidad, luego empujó un poquito y se vino por completo. Un chorro potente de semen me mojó todita, en el centro de mi feminidad.
La mayor parte de sus jugos se quedaron entre mis nalgas y cuando caminaba me resbalaban de una manera deliciosa. Felizmente yo me levanté el pantalón rápido y nadie se dio cuenta. Sólo me delataba una enorme mancha en mi trasero que no pude limpiar cuando me fui al baño. Allí me desnudé, me saqué el calzón que siempre me pongo y me lo pasé por el rostro. Qué rico olía el semen de Mauricio!
Luego en mi casa, le envié este email:
Mauricio, este corazón es como mi culito que hoy recibió tus jugos de macho con gran placer Las flores son como mis nalgas que acariciabas con voluptuosidad Ya soy tuya, mi amor. Me has mojado todita y aquí en mi cama todavía respiro tu olor. No voy a lavar nunca mi calzón, lo tengo debajo de mi almohada
(... prometo continuar esta serie pronto)
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