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Me casé con un impotente y voyeur. Imprimir E-Mail
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lunes, 08 de diciembre de 2008
La historia que les relato, trata del momento en que me di cuenta que el hombre con el que me casé era

 impotente y voyeur. Me casé muy enamorada con un compañero de oficina, el cual quiso que

no tuviésemos relaciones sexuales hasta después del matrimonio y en

nuestra época de noviazgo le gustaba que me vistiese con minifaldas y

ropa muy sugerente, llevándome a fiestas donde me daba la impresión

que quería provocar a sus amigos, luciéndome vestida así.

En la actualidad tengo 27 años y llevo 2 de casada y fue en la noche

de bodas que Saúl me confesó que a él no se le paraba así nomás ya

que desde muy joven la única manera que funcionaba era cuando veía

hacer el amor a una pareja de manera muy morbosa. Lo intente de todo,

desde vestirme provocativamente hasta ver películas pornográficas

juntos, que lo único que lograban era ponerme súper excitada y

sudorosa por las escenas que ahí veía, pero mi marido nada de nada.

Un día me dijo que lo que más morbo le daba, era imaginarse que me

penetraban dos hombres a la vez y él observaba oculto, desde el ropero

de dos cuerpos que teníamos en nuestra habitación. Un poco molesta

por haberme enterado de sus deseos pensé dejarlo, pero por el amor

que un día sentí acepte y lo dejé que él ideara la forma en que se

pudiese excitar.

Un buen día me dijo que había una fiesta en la que irían ex compañeros

de facultad y que quería que yo seduzca a alguno para traerlo a casa.

Fue así como ese día trajo a la casa una bolsa con ropa, que el mismo

había comprado y me la dio para que me vista esa noche. había en la

bolsa un vestido negro de licra que a duras penas me cubría las

braguitas diminutas que tenia puestas, en las piernas me coloqué unas

pantimedias oscuras pero las braguitas eran blancas, de tal modo que

si me sentaba se podrían ver por el contraste de colores.

Me indicó que no me ponga sujetador y la tela del vestido rodeaba

mis senos como un guante. Me coloqué unos zapatos de tiras de cuero

y sin talón. Para ser franca me gustaba la ropa que había comprado,

salvo que tendría que moverme con cuidado para no estar exponiendo

mis encantos a todo el mundo.

Llegamos a la fiesta y las miradas de los hombres aterrizaban sobre

mis pechos y mi trasero, sintiendo que me comían con los ojos a pesar

de las miradas furiosas de algunas de sus esposas. Transcurrió la

fiesta y Saúl mi marido, se perdió en la fiesta y se enfrasco en

conversaciones con algunos de sus amigos, dejándome a merced de los

que quisieran conversar y bailar conmigo.

El promedio de edad de los compañeros de Saúl era de 35 años y baile

creo que todas las piezas con ellos, quienes aprovechando la falta de

de atención de mi marido, me apretaban a la hora de bailar y algunos

llegaron a decirme que matarían por tener mi cuerpo. Yo me estaba

calentando, de ver que era el centro de atención de tantos hombres y

de tantas cosas que decían a mi oído.

Así transcurrió la noche y que decidí darle gusto a Saúl, así

que me quedé al final conversando con dos de sus compañeros. A pesar

que me había dejado a merced de todos los hombres, Saúl no me perdía

de vista y es así como lo llamé delante de sus amigos y le dije que

me sentía un poco cansada y que quería retirarme. Saúl haciéndose el

borracho me increpó que él quería divertirse y que esperara un poco.

Daniel y Gino, que era con los que estaba conversando, me dijeron que

si yo deseaba podrían llevarme a casa. En vez de uno, podría llevarme

dos a casa. Si con esto no se excitaba el impotente de mi marido, nada

lo haría y les dije, si por favor porque Saúl cuando toma se aparece al

día siguiente a la casa. Ambos se miraron cómplicemente y salimos al

estacionamiento.

Gino me abrió la puerta y yo me senté en el asiento delantero, no sin

antes permitir que viera mis braguitas a través de las pantimedias.

Daniel entro en la parte de atrás, pero se acercaba a conversar

sintiendo yo, como miraba a través del escote del vestido. Gino que

era el que conducía, aprovechaba cuando hacia los cambios de marcha

para rozar mis piernas y yo no las movía de su sitio. Mientras

viajábamos, les contaba que Saúl mi marido no me prestaba atención

y que yo estaba cansada de tal situación. Les indiqué un camino para

llegar a la casa mas largo, para que Saúl pudiese llegar antes.

Llegamos a la casa y les agradecí el aventón, pero me dijeron que

últimamente habían sucedido muchos asaltos y que era mejor que se

cercioraran que todo estaba bien dentro de la casa. Todo estaba

saliendo bien y no tuve que hacer esfuerzo para que entrasen en la

casa. Antes de eso, de reojo vi la cochera y pude ver que Saúl ya

había llegado. En el momento de entrar, solté las llaves de mis

manos y me incliné dejando mi culo a la altura del paquete de Gino.

Daniel cerró la puerta y en el momento que me levanté con las llaves

Gino me cogió los pechos masajeándolos y bajando fácilmente la parte

superior del vestido, dejando al aire mis tetas. Daniel se puso

delante de mí y metió su mano en mi chocho masajeándolo también. Me

derretí en ese momento.

Les dije que en la entrada no, que mejor subiésemos a mi habitación.

Subimos los tres las escaleras prácticamente a tropezones, ya que

no me soltaban y sus manos recorrían mi cuerpo tocándolo todo.

Entramos a mi cuarto y prendí la luz, viendo el ropero con la puerta

entreabierta y sabiendo que Saúl estaba dentro. Le iba a dar el

espectáculo que él quería ver, solo que no iba a ser con uno como él

pensaba, sino con dos machos de verdad.

Gino me sacó el vestido y las pantimedias, mientras que Daniel procedía

a desvestirse. Mi cuerpo seguía siendo acariciado por sus manos,

cogiéndome las tetas, chupandolas y jalando el hilo dental que era lo

único que me cubría. Gino también se quedo sin ropa, quedando ambos

lado a lado desnudos, así que me arrodillé y empecé a mamarselas,

metiéndome en ocasiones las dos vergas a la vez en mi boca. Se las

corrí y mamé hasta que me bañaron la cara con su leche y lamí toda

su descarga. Siguieron acariciándome, esta vez encima de la cama y

uno de ellos me lamía el coño, mientras el otro me ponía nuevamente

su tranca en la boca para que siga chupando.

Debido a que no tenia una penetración desde que me casé, estaba

deseando que me claven de una buena vez y Gino se puso encima de mí

enterrando su rica verga en mi chucha, mientras que mi marido era

mudo testigo de la culeada que me estaban dando. Gino y yo nos pusimos

de costado sin que él saqué su verga de mi chocho y Daniel se puso

detrás de mí, introduciendo su tranca en mi ano y yo me sentía en la

gloria con las vergas de ambos. Nuestros cuerpos sudaban a mares por

el esfuerzo de la posición y un rato mas tarde ambos soltaron su

leche inundando mi chochito y mi culo.

así nos quedamos hasta que nos recuperamos, pidiéndoles que se

retiren porque mi marido estaría ya por venir. Me dijeron que aún

no y la verdad yo tampoco quería que se vayan, pero no sabia que

era lo que pasaba por la mente de Saúl, escondido en el ropero.

Gino me levantó de la cama y me coloco en cuatro patas, bombeando mi

chocho sin pausa haciéndome ver el cielo. Daniel por su parte buscaba

mi boca con su verga y yo comencé a mamarla y a masturbarlo, mientras

que ellos me decían que era una puta rica y que suerte la de tu marido

que te culea cuando quiere. Si supieran pensaba yo, mientras era

enculada por un lado y por el otro mamaba y le daba un placer a Daniel

que hacia que su cara se transfigure. Primero sentí la leche caliente

de Gino, que se vació dentro de mí dando gemidos y acelere la corrida

de Daniel para suelte su leche sin sacarlo de mi boca.

Se vistieron dándome las gracias por tan estupenda velada y

salieron de la casa, quedándome yo en la cama con las piernas

abiertas y la boca con restos de la leche, que era la evidencia

de la culeada que me habían dado.

La puerta del ropero se abrió y salió Saúl con la bragueta abierta

y el pene bien parado. Esa noche lo hicimos por primera vez desde

que nos casamos y aunque tiene la verga pequeña, debo decir que la

disfrute. Luego me dio las gracias por lo que había hecho por él,

diciéndome lo excitante que había sido verme así, enculada por dos a

la vez y que se sentía feliz de tener una mujer tan puta como yo.

Ahora cada vez que mi marido quiere tener sexo conmigo debo buscar

un macho para traerlo a mi cama antes.







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